info@albacasas.com

25 años

birthday cake with the number 25

 

Hoy cumplo los 25 años. Pienso que a partir de los 18 años, la celebración de tu cumpleaños casi siempre es del mismo estilo: te levantas con la resaca del día anterior, comes con la familia, soplas las velas de la tarta, abres los regalos… y si te he visto no me acuerdo.

Pero este año es diferente, porque estás tú, porque mientras abría el regalo que me compraste, estabas ahí, sentado en mis piernas, muy tranquilito y mirando para el papel de regalo. Sinceramente, al regalo no le doy mucha importancia (que me encantó ¿eh?), pero es que hace dos años no existías, y el verano pasado por estas fechas… en fin, todos sabemos dónde estabas.

Mi primer cumpleaños con mi sobrino, Teo. Con el niño de mis ojos. Con la personita que me quita todas las penas y me saca una sonrisa hasta en los peores momentos.

Un día te escribí un relato. Un pequeño texto en el que me ponía en tu lugar, me metía contigo en esa especie de nave espacial en la que estuviste tantos meses y les intentaba dar una chispa de ánimo a tus padres. Pero en todo este tiempo me he dado cuenta de que todavía no te había escrito a ti, personalmente. Por ello, creo que ha llegado el momento.

Por eso estoy aquí, en el lugar donde paso parte de mi tiempo este verano. Un verano especial y totalmente diferente al resto. En el que no solo puedo disfrutar de ti, sino que también puedo ver cómo vas creciendo y experimentando todo tipo de sensaciones.

La primera vez que tocaste la hierba o la arena, y decidiste en ese instante que no la volverías a tocar en una buena temporada… la primera patada que le diste a un balón y comprendiste que dar patadas era una opción a todo, aunque el gato no esté de acuerdo… el primer gusanito que probaste y que, desde entonces, cada vez que ves una colilla tirada en el suelo, te lanzas como un loco a comerla… o todas las veces que te guerreo y acabas gritándome para que te deje de molestar…

Pero lo que siento hacia ti no es solo “amor de tía”, es una admiración inmensa que me hace comprender que en esta vida todo se supera; que si quieres, puedes. Para la familia y amigos, tú eres “Teo, el milagro” y cada vez que vienes de visita me entran unas ganas tremenda de salir a la calle contigo para presumir de sobrino.

Y es que, creo que ha llegado el momento de borrar el pasado, de recordar el 2013 como el año de tu nacimiento, nada más. Ese día, ese 23 de mayo, habría tenido que ser el día más feliz de la vida de tus padres (y de muchos más) pero, por desgracia, no fue así. Quizás, probablemente, haya sido el peor día que han vivido. Pero todos los momentos que nos has proporcionado desde que el 3 de septiembre viniste a casa, compensan de sobras esos cuatro meses entre lágrimas y tristeza.

Así que, Teo, ahora te toca disfrutar de la vida. Si es cierto que existe un Dios, él comprenderá que ya has sufrido lo suficiente como para tener, a partir de ahora, una vida plena de felicidad y éxitos. La duda es si realmente existe… De todas formas, me quedo tranquila, porque tras haber ganado una guerra tan dura, sé que lo que pueda venir, serán menudencias.

¿A que sí, pequeño?