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El zapatero Tacaño, por Cecía Martínez

zapatero

El otro día, en clase de cine, uno de mis alumnos me dijo que estaba escribiendo un libro, algo que me dio una idea: pedirles a las clases de teatro y cine que escribieran una historia para poder subirla a este blog y que todos pudiéramos disfrutar de la imaginación de los niños. De esta forma, también les mostraba las diferencias entre escribir un guión (algo que ya hicieron en clase) y escribir una historia narrada.

Así que a partir de ahora, cada semana espero poder contar con historias de estos pequeños adultos. Aquí os dejo la primera de ellas.

Está escrita por Cecía Martínez (alumna de cine y teatro), de 10 años, “basándose en lo que ve a su alrededor” (palabras textuales). Espero que la disfrutéis:

 

“EL ZAPATERO TACAÑO”

Érase una vez un zapatero que solo pensaba en hacer zapatos para así tener más dinero, cuando ya no lo necesitaba, porque era millonario. Sus hijos le decían:

Papá para, ya tienes suficiente dinero, juega con nosotros – Y el zapatero siempre les contestaba – No puedo, vosotros queréis tener una piscina ¿verdad? – Y sus hijos le contestaban – Sí papá, pero también queremos que juegues con nosotros porque nos aburrimos.

A pesar de todo lo que le decían sus hijos, no le hacía ni caso, así que sus hijos un día se pusieron a hablar en su habitación para proponer un plan para que el padre estuviera más con ellos.

Vamos a hacer esto: entraremos en el garaje de papá y cogeremos sus zapatos para que así al final se rinda y esté más con nosotros.

-Me parece muy buena idea así papá se fijará en nosotros y no nos tratará como unas estatuas con las que habla seguido la misma cosa.

Así que los niños se pusieron manos a la obra para que su padre les hiciera caso. Y así fue como los niños se pusieron sus ropas negras para que su padre no les viera.

Tú le cojes sus zapatos y yo le cojo sus herramientas para que ya no pueda hacer más zapatos.

Y así lo hicieron al pié de la letra. Luego le  dijeron a su padre que les hiciera dos zapatos de su talla a cada niño.

Vale, os haré los zapatos ¡Aaaaaah! ¿DONDE ESTÁN MIS HERRAMIENTAS?

– No lo sabemos papá.

– ¿Me las habéis cogido vosotros, verdad?

– Solo queríamos jugar contigo papá, porque siempre estás haciendo zapatos para las personas.

Papá, hay gente que también se dedica a hacer zapatos, pero como tú no paras ni un segundo, nada más que para comer y para dormir, los demás zapateros se están quedando sin trabajo para hacer y no tienen dinero para comer ni una pizca de pan, porque es como si tú se lo robaras todo – dijeron los niños.

Pero yo pensaba que queríais una piscina, y además yo no les robo el trabajo a la gente – contestó el padre.

Los niños tienen razón, Rafael. Nosotros sabemos que no robas, pero los demás también quieren comer y estar a gusto en su casa con su familia, al igual que tú – le dijo la madre.

Bueno , puede que dicho lo cuál, tengáis un montón de razón. Lo siento muchísimo a todos por todo lo que he hecho – dijo el padre, y prosiguió. – Traed a toda la gente del pueblo para que les pueda dar todo el dinero que les robé, a partir de ahora viviremos como una familia normal, nada de islas privadas, ni un yate de cincuenta pisos, ni nada por ser como si fuera el rey del mundo entero, viviremos como una familia muy unida.

Y vivieron felices para siempre.