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Eterna Lina

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Tenía 5 años cuando todo comenzó.

No recuerdo exactamente cómo fue; solo sé que cuando me quise dar cuenta, estaba totalmente enganchada a ella.

Fue mi madre quien me la dio a conocer. De aquella estaba de moda llevar el teatro a la pantalla y su imagen estaba a la orden del día. Entonces mi padre metía una cinta VHS en el vídeo y ponía a grabarlo para que más tarde, pudiera verlo tantas veces como quisiera o, mejor dicho, hasta que la cinta se estropeaba.

Cuantas cintas habré gastado de tanto verlas…

Yo era todavía muy pequeña para entender los chistes, pero no era necesario. Era (y es) de las pocas personas que con un simple gesto consigue que llore de la risa.

Llegó a ser como una medicina, un calmante ante cualquier dolor. Tan bueno que cuando mi madre me encontraba viendo algún vídeo suyo me preguntaba si me encontraba bien con cara de preocupación (y todavía lo sigue haciendo).

Y es que ella era inigualable, inimitable. Por eso de pequeña quería ser como ella. Y no tanto de pequeña, porque a día de hoy todavía sueño con llenar el teatro de La Latina (soñar es gratis). Su teatro. Soñaba con subir a un escenario y hacer reír al público hasta que tocasen la felicidad con la punta de los dedos.

Y no exagero.

Ella me enseñó que todos somos felices mucho más a menudo y con cosas más sencillas de lo que pensamos, porque nadie es capaz de llorar de la risa y preocuparse de sus problemas al mismo tiempo. Porque el cerebro no puede pensar en dos cosas al mismo tiempo y ella, con su indiscutible talento, conseguía que los problemas fueran menos problemáticos. La cuestión es que no todos somos conscientes de ello. De la importancia de personas como ella en este mundo lleno de penurias.

Un día me prometí que haría lo posible para conocerla en persona, que la vería actuar a pocos metros de mí.

Llegué tarde. Y hoy me he dado cuenta.

Creo que fue la primera vez que me emocioné por la muerte de una persona mediática, y entiendo que para muchos es difícil de entender la importancia que tuvo, tiene y tendrá su nombre en mi vida. Porque la primera vez que me subí a un escenario tan solo tenía 8 años y me imaginé que ella se encontraba entre el público. El subidón, la ilusión y las fuerzas que ese pensamiento me creó todavía los mantengo.

No puedo afirmar que ella sea la única culpable de mi profesión. Pero sí es la culpable de que esté enamorada del teatro, de que mi mayor meta sea vivir y morir detrás del telón. Porque ella hizo que mis padres amaran el teatro, consiguió que nos inculcaran el amor por este arte y ahora, vivimos con la necesidad de hacer con el teatro que la vida sea un poco más sencilla o, por lo menos, más divertida. Recuerdo que, cuando me fui a estudiar a Ourense, tenía pegada en la puerta del armario una foto suya con la intención de que me recordara en los peores momentos que estaba luchando por mi sueño. Y lo consiguió.

Hoy toda España se despide de ella. Menos yo. Porque para mí siempre será inmortal.

Porque en los camerinos de los teatros se seguirá escuchando su eterna canción. Llegados a este punto…

Solamente puedo decir, gracias por venir”.

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Una opinión en “Eterna Lina

  1. Fátima

    Poco más se puede añadir. Ella era única. Y lo seguirá siendo porque nunca la olvidaremos. Nadie me ha hecho reír como ella. Nunca.
    Un abrazo!