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Le vendí mi alma al diablo

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Sé que suena a tópico, pero es real. Lo más extraño es que no fui consciente de ello hasta hace un par de semanas.

Recuerdo el día que lo hice. Era un 24 de diciembre – vaya contradicción – hace ya 16 años. Como cualquier niña de 10 años no era consciente de lo que hacía. Lucifer, simplemente me vendió el Infierno como un productor te vende la mejor de sus películas.

Y yo acepté.

¿Cómo no lo iba a hacer después de todo lo que me ofrecía? Su hogar, su calor, sus leyes, sus costumbres… Pero lo que realmente me cautivó fue la magia; los poderes que me ofrecía a cambio.

Lo más curioso es que todos vosotros habéis visitado en algún momento el Infierno, aunque no sois conscientes. Porque para todos, el Infierno es cada momento difícil que pasamos; incluso algunos dicen que el Infierno es la vida misma…

Ingenuos.

El Infierno es un sitio de donde no se puede salir ni escapar. Es un lugar tormentosos para algunos y paradisíaco para otros; donde el calor de las llamas te quema a la vez que te consume lentamente; donde las normas son contrarias a las que conocemos; donde los habitantes están locos, no controlan sus emociones ni sus acciones.

Un lugar en el que nadie es lo que dice ser.

Todos entendemos el Infierno como un lugar:

-Al que se “baja”. MENTIRA. Para entrar en él deberás subir una escalinata que te llevará con los demás ángeles negros, encargados de que aprendas el arte del “engaño”.

– Que pintamos de color rojo. INJURIAS. Predomina el negro de las paredes y el amarillo del fuego.

– Con fuego… que se supone que surge del suelo. FALSO. Nace en el techo, encima de nuestras cabezas. No quema. Ahoga. Te ciega. Provoca un silencio atronador y, en ocasiones, miedo. A los ángeles negros nos da vida.

– Reinado por Lucifer, el diablo como persona. CALUMNIAS. Existe su alma. En cada uno de los Infiernos; donde los ángeles negros debemos acudir con regularidad para poder respirar lo que nosotros conocemos como “pureza”.

– En el que existe la “magia negra”. Y vosotros sois víctimas de ella a diario. Pero, qué curioso, con nuestra magia os hacemos reír, llorar, emocionaros, olvidar e, incluso, rozar la felicidad con la punta de vuestros dedos.

Porque no hay un infierno más poderoso que el teatro. Ni fuego más abrasador que los focos. Ni lugar más negro que el foro. Ni poder más grande que el de contar historias. Ni personas más bipolares que los actores.

Porque cuando pruebas el teatro, su alma se te mete en las venas y te impide abandonarlo; provoca una pasión más grande que el primer amor. Te enloquece y necesitas respirar su aire cada poco tiempo, y así, coger fuerzas para vivir en un mundo en el que siempre serás el “soñador”, el “irracional”, el “poco realista”, el “loco”…

Cuando subes al escenario por esa escalinata sientes una voz dulce y tierna que te promete una vida distinta a la que ya conocer.

Y como buen pecador que eres, no puedes hacer otra cosa que venderle tu alma al diablo.