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Mi vida. Yo

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Hace dos años, por estas mismas fechas, acababa de terminar el rodaje de mi primer documental, de mi primer trabajo audiovisual. Sentada en un bar de mi pueblo, trabajaba en la postproducción y en el estreno que tendría lugar en diciembre de ese mismo año.

Ese verano fue un tanto peculiar. Cuando se acercaba la época del año en el que todos descansamos, yo me obligaba a seguir trabajando para conseguir que ese primer trabajo no pasara desapercibido.

Dos años después, en el mismo bar, en el mismo pueblo, preparo el estreno de mi segundo proyecto, el primer corto que produzco (sí, también de forma altruista).

Miro por la ventana y veo a multitud de niños jugando en el campo, mientras los padres toman algo en la terraza y los vigilan por el “rabillo del ojo”. Los gritos de los pequeños se unen con los que se están bañando en la piscina. Y yo aquí, sentada en una mesa dentro del bar (fuera no tengo wi-fi), con mi descafeinado a mi izquierda y mi libreta a la derecha. Esa libreta que me acompaña allá donde vaya, que guarda mis secretos, o mejor dicho, mis sueños. La abro, y leo lo último que escribí: “Estreno de “Internet” el 19 de diciembre a las 19:00 h en el Salón de Actos de Mugardos”, y al lado, el contacto del alcalde.

Dos años después de mi primera vez, con un documental y una obra de teatro a la espalda, cada cual con su premio, vuelvo a llamar a alcaldes para que me cedan algún teatro, vuelvo a escribiros hablándoos del siguiente estreno. Y empiezo a filosofar…

Una vez, escuché a un cineasta decir que, cuando empiezas a trabajar en este mundillo, en el primero tienes el 100% de la energía; en el segundo, el 50%; y en el tercero, ya no te queda nada de energía y muy poca esperanza. Es cierto. Para qué mentir.

Es difícil ver cómo tu primer trabajo traspasa fronteras, llega a sitios que jamás creíste, consigue cosas increíbles, y cuando te miras el bolsillo, este sigue vacío. No es justo. Eso es lo primero que piensas. Y eso es lo que hace que la energía vaya desapareciendo paulatinamente. La esperanza es lo último que se pierde. Vale, pero yo sigo produciendo de forma altruista, porque mi trabajo me gusta tanto que me he vuelto egoísta, y todo me da igual.

Con tal de poder seguir produciendo…

Pero más curioso es estar trabajando en la producción de un corto y que en tus ratos libres, te dediques a mandar tu CV a productoras… ¿por qué **** no se puede vivir del cortometraje? ¿Quién lo prohíbe? 

La impotencia que siento cuando pienso en ello es enorme… Y es que no se aprecia el trabajo de los cortometrajistas, es injusto. La gente cree que, como un corto dura poco, no requiere mucho trabajo. Pero lo que no saben es que tres profesionales sin trabajo llevamos dos meses con la producción de este corto, que 15 personas se han dejado la piel durante los dos días de la grabación, que todavía quedan seis meses para su estreno, pero que en estos seis meses, todos trabajarán muchísimo para que todo quede perfecto, que después haremos lo posible para que este trabajo llegue a todos los festivales. Y esto, solo con esperanza.

Con la esperanza de seguir creciendo profesionalmente y que  “alguien” en algún momento, encuentren nuestro CV, les guste y nos llamen. 

Muchas personas me preguntan por qué sigo haciendo cortos o teatro si no cobro por ellos. Porque es mi pasión, porque quiero dedicarme a esto. Y porque, por muy difícil que me lo pongan, no voy a tirar la toalla. Y menos ahora, que encontré a dos ángeles que, al igual que yo, están dispuestas a hacer cualquier cosa por trabajar en nuestra pasión. 

Así que vuelvo la vista al ordenador y sigo trabajando, porque sé que valdrá la pena. Porque sé que el día del estreno habrá un público que agradecerá el hecho de que hayamos producido un corto, que disfrutará durante una hora de un espectáculo en el que hemos trabajado durante meses. Solo por ellos, y por mí, sigo trabajando.

Todavía tengo muchas cosas que hacer… será mejor dejar la frustración para otro momento.