info@albacasas.com

Trabajando en familia


“No conozco la clave del éxito; 

pero sé que la clave del fracaso es
 tratar de complacer a todo el mundo”
Woody Allen
Después de más de dos semanas fuera de casa, con nuevo trabajo, nueva oficina, nuevos compañeros …  incluso nueva ciudad; puedo sentarme con cierta tranquilidad para escribir un rato. Para evadirme de todo el estrés acumulado – aunque SIEMPRE estrés positivo –  y así, hacer un pequeño balance de todo lo sucedido en estos dos últimos meses.
A puntito de terminar agosto tenía una pequeña intuición: quería aprovechar al máximo los días de verano que quedaban porque, aunque no sabía que haría en los próximos meses, sabía que quieta no iba a estar. Y parece que alguien me escuchó, que la “suerte” sabía lo que quería y lo hizo realidad. En cuestión de poco tiempo, el teléfono comenzó a sonar y lo único que podía contestar era “cuenta conmigo”.
A 19 de noviembre y con muy poquita experiencia en el ámbito profesional, ya puedo presumir de haber compartido trabajo con mi hermano. No un trabajo propio, como tenemos pensado realizar en un futuro próximo, pero sí en un anuncio para la TV; en el que él es el actor y yo la productora. Y no puedo mentir: resulta muy raro llegar a un rodaje y encontrarte con tu hermano, dejar de llamarlo por su mote porque no queda “profesional”, y verlo como compañero. Pero lo mejor de todo es estar detrás de las cámaras, al lado del director, mirando por el monitor lo que el actor hace, y que de repente, el director se gire y te diga “enhorabuena, tu hermano es buenísimo, buen trabajo”, mientras que el director de foto de dice: “ah! pero es tu hermano? entonces ya os viene de familia!”. En ese momento, se te llena tanto el pecho que parece que vas a dejar al mundo sin aire. Te resulta totalmente imposible evitar una pequeña gran sonrisa.
Acabas el rodaje y eres de las pocas privilegiadas que pueden ver el primer montaje del anuncio. Y ahí está él. Miras cada detalle, cada gesto que hace, incluso cuentas los segundos que aparece en pantalla; mientras te imaginas a todos vuestros conocidos delante del televisor diciendo: “oh! pero si es Jorge!”. Ahí ya no intentas evitar la sonrisa. Te ríes a gusto y vuelves a dejar al mundo sin aire. Es cierto que también piensas “tantísimo trabajo de producción para 20 segundos de anuncio…”, pero tu trabajo es así, de los que solo se aprecian cuando cometes algún fallo. Es lo mismo que cuando vas al cine. Nunca sales de la sala diciendo “qué buena calidad de sonido!”; pero, en cambio, sí que te acuerdas del sonidista – incluso de toda su familia – cuando el audio es malo…
A lo que iba…
Terminas la grabación, ves el resultado “semi”-final, te ríes y, justo en ese momento, el director del anuncio pasa por delante de la puerta de tu despacho, ve que te ríes sola… te pregunta el por qué, entra, se sienta y comienza la conversación. Una conversación que más bien parece un curriculum hablado. Te pregunta qué trabajos has hecho. Te pide que se los enseñes. Tus proyectos futuros. Y tú le cuentas, entre dientes, lo que tienes pensado hacer. Entre dientes porque tienes miedo a que te ponga mala cara. Eres consciente de que estás delante de un gran realizador, de un hombre que en treinta años ha hecho miles de anuncios para TV, anuncios que vemos todos los días y, por ello, es inevitable que te deslices en la silla, que te sientas diminuta y que hables con mucho respeto y quizás, un poquito de miedo.
Él está totalmente callado, en frente de ti, escuchando muy atentamente lo que le cuentas y, cuando terminas, sonríe. Y lo hace mientras te felicita por tu camino recorrido hasta ahora; mientras te anima a seguir adelante y hacer ese proyecto; mientras te dice que es una grandísima idea y que puede ser algo extraordinario (palabras textuales). Te aconseja que sigas contando tus propias historias, tus propias vivencias, porque eso siempre engancha.
Y tú lo miras, le agradeces sus palabras. Se levanta y se va. Pero llega el momento de la despedida. Tiene que volver a Madrid. Piensas que todo está hablado y no crees que te vaya a decir algo nuevo; pero de repente… “Alba, dame tu correo y estamos en contacto. Tengo ahí dos proyectos pendientes y a lo mejor… bueno! no te cuento nada que dicen que da mala suerte!”.
Y os separáis.
Él vuelve a la capital y tú vuelves a tu despacho. Despacito, muy despacito, ya que las piernas te tiemblan no sabes muy bien por qué. Te sientas en su sillón, apoyas la cabeza hacia atrás, te ríes, y vuelves al trabajo.
Vuelves al presente.

2 opiniones en “Trabajando en familia

  1. eFe

    Da un poco de vértigo, verdad? Sólo pensarlo … pero mejor no decir nada, que ya sabes… da mala suerte

    Yo a ti te deseo toda la del mundo
    aunque tengo la intuición de que no te hará falta

    tu trabajo y tu talento serán suficientes
    estoy convencida de ello