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Trabajar en tiempos revueltos

Cuando cree este blog, lo hice porque me siento cómoda escribiendo las cosas que escuchaba, observaba o sentía, porque me despeja, me libera de los problemas que pueda tener… antes lo hacía en la web de mi documental, hasta que un día pensé que sería mejor no mezclar temas; dejar esa web solo para hablar del proyecto.
Así fue como, no hace mucho, se me dio por crear un blog con mi nombre.
Desde aquella, intento ir andando a todos lados, mirando y escuchando lo que las personas decimos por la calle; para luego llegar a casa y plasmar todo lo que ha llamado mi atención en esta especie de “diario público”. Pero no os puedo mentir, cada vez que escribo algo lo hago de forma automática, sin parar a leer lo escrito, hasta que acabo. Es entonces cuando lo leo, de mínimo, tres veces, y corrijo posibles fallos. Y, aún así, aún asegurándome de que lo que escribo está bien expresado, no molesta a nadie, transmite lo que quiero o por lo menos es lo que intento… antes de darle al botón naranja de “publicar”, me lo pienso muy mucho.
Es como si ese botón no te permitiera rectificar, algo que hace que le tenga extremado respeto.
Cuando solo queda darle a ese botón para finiquitar la publicación, pienso por qué lo hago, por qué escribo, si realmente hay personas interesadas en mis textos… siempre me hago la misma pregunta “pero ¿a quién le va a interesar esto?“. Mi inseguridad no me permite publicar nada sin antes dudar. Aunque supongo que eso le pasará a todos (o a lo mejor soy yo el bicho raro). Lo curioso es que, como buena gallega, acabo pensando “maloserá” y, sin más, lo publico.
Y así, cada vez que me pongo delante del ordenador.
Os cuento esto porque este sábado me pasó algo muy curioso, algo que me hizo sentirme afortunada y que me dio la respuesta a mis preguntas:
Ese día por la mañana salí a comprar los últimos regalos de los Reyes Magos. Entré en una tienda y, como es normal, me puse a mirar lo que había. Yo estaba toda concentrada en lo mío, así que tampoco puedo explicar muy bien lo que pasaba a mi alrededor. Pero sí puedo decir que, en un momento dado, una chica joven se puso a mi lado y me miró. Y me siguió mirando. Y me siguió mirando (las cosas como son, me sentí observada jajajaja). Yo no hice caso, pensé que me conocería de cualquier cosa y seguí escogiendo regalos. Tras decidirlo y dirigirme a la caja, dejando a la chica en el mismo lugar donde yo había estado, escuché un “¡Mira, perdona!“. Me giré. La chica me miró y se acercó. Me preguntó si yo era Alba Casas; le dije que sí y entonces me dijo: “vi tu documental, viniste a mi instituto hace un año a proyectarlo. Quería decirte que me gustó mucho.” Yo le dí las gracias (¡faltaría menos!) y que me alegraba de saberlo. Entonces ella siguió diciendo: “desde que viniste al instituto, sigo la web y tu blog personal“. Ahí es cuando me extrañé, la verdad es que me llamó la atención saber que alguien lee esto. Le pregunté qué le parecía y me contestó “me encanta cómo escribes“. Ahí empecé a notar un calorcillo que me empezaba a subir por la mejillas, haciendo que éstas se pusieran de un rojo semáforo. Le volví a dar las gracias y le dije que era muy amable. Por último me preguntó si haría un nuevo documental y le dije que sí, pero que ahora sería ciencia ficción (osea, un corto). Me prometió que lo seguiría por las Redes Sociales. Nos sonreímos y nos despedimos.
Cuando salí de la tienda, volviendo para casa, en un momento dado me sentí un poco estúpida al darme cuenta de que iba sonriendo, como si me acabaran de dar una gran noticia.
Y es que lo que me dijo esa chica, para mí tiene mucho significado, de hecho me alegró el día.
Cuando vas a los institutos a mostrar tu trabajo, siempre vas con el recelo de que, como se trata de adolescentes y todos sabemos cómo son, aunque no se debe de generalizar, piensas que no les va a interesar; pero parece ser que no es así, o que por lo menos una de cada cien (por poner un número), se queda con el tema y se sigue informando tras la proyección.
Saber que a algunas personas les gusta lo que hago, lo que escribo, aunque se trate de muy pocas personas me da ánimos para seguir haciéndolo; porque aunque amo mi trabajo, eso no significa que no sea eso, trabajo, que no me lleve tiempo, ni quebraderos de cabeza, ni que no tenga dificultades. Es una gran suerte poder trabajar en algo que te apasiona, y eso te ayuda a la hora de afrontar los problemas, pero no te facilita el trabajo.
Por ello, quiero daros las gracias a todas las personas que sé que pasáis vuestro tiempo libre leyendo esto; y sobre todo, quiero daros las gracias por hacérmelo saber, ya sea por los comentarios que dejáis en el blog como en el Facebook, o porque me paréis en una tienda para decírmelo.
Que sepáis que vuestras palabras me las guardo para “los malos momentos”, porque es lo que me ayuda a dar un paso adelante en estos tiempos revueltos.
Gracias, de corazón.

 

2 opiniones en “Trabajar en tiempos revueltos

  1. eFe

    Una de cada cien, o alguna más… seguro
    Yo creo que somos unos cuantos los que nos pasamos de vez en cuando a leerte por aquí…
    Y aunque solo fuera una, siempre merecerá la pena
    saber que has llegado a alguien es un regalo
    Mi caso es diferente, primero te conocí a ti, y luego a tu obra
    y las dos me conquistasteis desde el principio

    así que sigue así, y no dejes de regalarnos tus pensamientos

    un abrazo