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Vuelvo al pasado

Hoy, me espera una tarde de nostalgia, de recuerdos y, aunque no lo quiera, de tristeza. Hoy, tendré que entrar en la casa (tras tres años sin pisarla) en la que pasé todos los veranos de mi vida; con sus buenos y malos momentos; con su olor, su campo, sus objetos… Sé que cuando cruce la puerta, la mente se me llenará de fotogramas creando una película. Sé que en cada esquina me encontraré con algo o con “alguien” imaginario que me hará recordar. Como también sé que, probablemente, será la última vez que entre en esa casa.

Es increíble cómo cuatro simples paredes, cómo algo que no siente ni padece, puede crearnos tantos sentimientos y sensaciones. Nunca acabaré de entenderlo.
En principio, vuelvo a esa casa a recoger las últimas cosas antes de que deje de ser nuestra. Y esto lo digo mientras pongo a cargar la cámara de fotos y la de vídeo. ¿Por qué? No lo sé… Quizás porque quiero congelar por última vez las vistas desde la terraza; o lo que veía cada vez que me tiraba en la hierba, bajo el manzano; o el banco en el que mi abuelo pasaba horas escuchando sus radionovelas, con la compañía de mi abuela.Es una lástima que las cámaras no recojan olores; porque no me gustaría olvidarme del olor del mar que envolvía mi habitación cada vez que abría la ventana; ni del olor a hierba húmeda que me inundaba todas las mañanas.

Me resultará raro verla vacía. Porque esa casa siempre estaba llena de gente; incluso de animales correteando por el campo. De niños. De señores contándose sus batallas o mirando al cielo mientras comentaban si lloverá o no lloverá.

Lo que pretendo encontrarme allí no sé si será posible. Pero me encantaría abrir el cajón del escritorio de mi abuelo y encontrarme su radiocasette, su radiocasette de ciego, con el que se pasaba horas escuchando radionovelas. Y las gafas de mi abuela, sus gafas de ciega, detrás de las que escondía sus ojos para, como decía ella, “no asustar”. Y, como no, su bastón, también de ciegos. El que compartían para guiarse por el mundo, para no tropezar siempre con las mismas piedras.

Ahora que lo pienso, creo que todos deberíamos tener un bastón de esos…

Pero sin ninguna duda, antes de dejar esa casa para siempre, lo último que haré será sentarme en la terraza y fumarme un cigarro, como hacía cuando vivía allí. Y es que todas las noches, antes de acostarme, salía a la terraza; daba igual el tiempo y la temperatura; y me fumaba un cigarro mientras escuchaba, a oscuras, el ruido del mar junto con el de los animales salvajes, que solo de noche, se podían apreciar a la perfección.

Y después me iré.

No sé si con billete de vuelta o no. Pero lo que sé es que en ese recinto, se quedarán mi infancia y mis recuerdos, con el único objetivo de que, cada vez que pase por allí, la sonrisa me inunde la cara.

2 opiniones en “Vuelvo al pasado

  1. eFe

    Los recuerdos están tan vinculados a ciertos lugares que, como bien dices, ni sienten ni padecen, que a veces asusta.
    Asusta como un rincón, un olor, una brisa… pueden abrir la caja de pandora y te inunden los recuerdos de toda una vida. Y asusta sobre todo, porque no podemos evitarlo…